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Altamirano, Chis. 4 de Febrero. “Cuando mi padre trabajaba haciendo el camino de la comunidad, una vez en la noche vio salir una llama de fuego de la tierra, él pensó que había oro enterrado, se puso a escarbar pero no encontró dinero, ni oro solo este ´Azteca´ verde”, relata don “Juan” un indígena tseltal habitante de la comunidad Luis Espinosa, municipio de Altamirano, Chiapas.
Este pequeño poblado, fundado hace 50 años, apenas rebasa los mil habitantes, se encuentra asentado sobre una zona de ruinas arqueológicas pertenecientes a la Cultura Maya. Los pobladores tienen conocimiento “que hay 6 montículos, entre ellos dos pirámides que están dentro de los cafetales, además en cada cerro hay plataformas que creemos servían para los sacrificios”, comenta “Jorge”, hijo de don “Juan” mientras guía a este reportero para realizar la presente investigación.
Al cabo de dos horas de caminata, entre las montañas se puede observar que las pirámides lucen majestuosas, imponentes, emergen de la tierra, de la selva, alcanzando algunas los 300 metros de altura (o quizás más).
Para que no tuviera algún problema, el indígena que amablemente da la entrevista le omitimos su identidad y sólo lo identificamos con el nombre de don “Juan”, quien cuenta que durante el tiempo que duró la creación de la carretera que conduce a Luis Espinosa, los ingenieros encontraron puntas de flechas, hachas de piedra con formas extrañas, “algunas personas de aquí recogieron esas cosas, algunos ingenieros se llevaron varias piedras de esas porque creo que eran de jade”.
Refiere que las ruinas, que no han sido exploradas por ninguna autoridad o algún investigador, poco a poco han sido destruidas porque las piedras -en su mayoría de forma rectangular-, han servido para la construcción del templo presbiteriano, de igual manera algunos pobladores de la región que en su ambición por encontrar oro, han escarbado sin embargo nada han encontrado.
“Una vez un viejito estaba buscando oro en el maizal pero sólo encontró una osamenta, se molestó y tiró los huesos, era una tumba rectangular hecha de piedra, el viejo solo dijo ´qué haraganes los que vivían aquí antes, no dejaron nada de riqueza, huesos para qué quiero´ todo enojado se fue”, comenta “Jorge”.
Durante el recorrido realizado por MIRADA SUR por la zona de las ruinas, se encontró un buen número de piedras marcadas, algunas de las pocas paredes de las pirámides que se pueden observar construidas con piedras rectangulares de color blanco, el terreno es difícil, tupido de vegetación y maleza pues desde la fundación del pueblo nadie ha explorado estas ruinas y cuevas enclavadas en la selva.
La hamburguesa
Los dos montículos que se ven a simple vista son ruinas que junto con otros cerros forman un conjunto de pirámides asentadas dentro de una superficie aproximada de 20 hectáreas. Sobre estas pirámides, don “Juan” siembra frijol, maíz, plátano entre otros productos para su alimentación diaria.
“Encima de la ruina es muy buen terreno, ahí siempre se da el fríjol, la tierra es tan buena que a veces ni siquiera hay regarlo, sólo así se da, nada más hay que cuidarlo que no tenga monte”, expresa don “Juan”.
Al lado de un fogón, en su pequeña vivienda, don “Juan” relata a este reportero que ha encontrado piedras talladas en forma de hachas y puntas de flechas. “Antes tenía yo guardado varias de esas piedras pero una vez un mi amigo que era de San Cristóbal vino y me las compró en 20 pesos y como en ese tiempo valía más el dinero se los di, era un licenciado de apellido Montoya Liévano”, comenta.
“Ahorita ya no me quedó ni una de esas piedras”, agrega, al preguntarle en dónde está el resto de estos vestigios.
“Un día mi esposa estaba recogiendo frijol en la ruina y al escarbar un poco encontró una piedra, no le hizo caso, la dejó tirada, pero después la fue a traer y ahorita la utiliza para picar ajo o aplastar maíz; le decimos la hamburguesa porque se parece a una hamburguesa pero no sabemos que es”, señaló.
La piedra a la que hacen referencia es de forma circular tallada en la parte de en medio en forma de surcos; en la periferia una hendidura que facilita su agarre en efecto; viéndola de lejos simula tener la forma de una hamburguesa. Esta piedra es parte de los utensilios de la cocina de esta familia.
De igual manera “Jorge” da a conocer un sitio donde se encuentra una cueva en medio de un cafetal. La cueva, con la entrada en forma horizontal, está compuesta de piedra “porosa”, tiene una profundidad no definida pues lo más que pudimos descender fue unos trescientos metros aproximadamente.
“Aquí los mayas se abastecían de agua como algunas personas lo siguen haciendo, yo creo que era un sitio sagrado para ellos, aunque ahora la gente viene a cazar o poner trampas porque aquí entran animales”, cuenta.
Recuerda que en el año de 1997 llegó un europeo, quien era un especialista, para realizar una exploración en la zona: “vino un español a explorar pero la gente de por acá no le dio chance porque decían que se iba a llevar lo mero bueno, este español traía bastante equipo, era más profesional”.
La población tampoco le ha dado el valor a estas piezas: “La gente sólo le interesa encontrar oro y así es que han destruido; han encontrado hachas, flechas tumbas, figuras de barro pero como no les interesa lo dejan tirado o a veces vienen ‘coyotes’ y compran esas piezas y lo llevan a vender a otro lado”.
El punto de vista de un especialista
Para la presente investigación y corroboración de datos obtenidos en estas ruinas, MIRADA SUR buscó al especialista Ayax Moreno experto en iconografía maya, quien considera que las ruinas ubicadas en la comunidad Luis Espinosa, pertenecen a las partes bajas de las tierras Mayas, “por las imágenes se puede observar que la comunidad está dentro del sitio arqueológico, las colinas que aparecen al parecer fueron trabajadas y fueron hechas ahí diferentes plataformas y sus construcciones, las piedras que se ven, son escalones son taludes, pareciera todo esto ser post clásico”.
Sin embargo -expone-, la pieza a la que don “Juan” llama “El Azteca Verde”, pertenece a una creación moderna hecha con un mosaico de turquesa y de jade con resina vaciado en un molde.
En entrevista, el experto asegura que el machacador (la hamburguesa como le dicen) es auténtico, tiene la ranura en los costados en el bisel para ser sostenido por el mango de una rama de madera.
Explica que este utensilio era utilizado para la elaboración de papel por ello esta pieza tiene surcos que permitían la salida de los fluidos de la corteza de amate que servía precisamente para fabricar el papel amate.
“El sitio es auténtico, por lo que se observa parece bastante grande pero no se ve una pieza de cerámica como para dar una idea de a qué época pudiera pertenecer”, expone el iconografista, quien afirma que en estas zonas arqueológicas es muy poco probable encontrar oro “esto es más bien una herencia de la enajenación que trajeron los europeos en su ambición por seguir consiguiendo oro y más oro que era lo que financiaba sus expediciones, conquistas y piratería y seguimos pensando que el oro es lo de máximo valor, cuando aquí se consideraba al jade la pieza de máximo valor”.
“La cueva que me mostraste, esto pareció muy interesante y es acertado pensar que de aquí se sacaba agua; estas filtraciones subterráneas podían proveer de agua potable a las poblaciones en su consumo”, expresa.
Al comentarle que esta área no ha sido explorada, Ayax Moreno dijo que “el director del centro INAH en Comitán estaría muy interesado en hacer un recorrido de superficie en esta zona y posiblemente hacer unos posos de prueba para poder ver la estratigrafía y ver qué periodo de ocupación tuviera el lugar, esto no es muy costoso y podría hacerse fácilmente sólo tendrá que esperar un poco”.
“Si el sitio fuera importante y quiere abrirse públicamente al turismo pues eso llevaría mucho tiempo por el proceso de trámite que esto lleva” ante varias instancias de gobierno, precisa Ayax Moreno.
Poca investigación de especialistas
Ayax Moreno se refiere a la situación que enfrentan los sitios arqueológicos; informa que el estado de Chiapas cuenta con cinco arqueólogos para atender al estado, “son muy pocos como empleados del INAH”.
“Son tantísimos los sitios arqueológicos y es tan rápido el crecimiento demográfico que no hay manera de alcanzar a cubrir todo esto, es importante que los propietarios puedan conservar los lugares, registrarlos si así lo quieren y las piezas que vayan encontrando al meter el arado que las conserven”, recomienda.
“El problema en algunas veces es la ambición, la tentación de ganar dinero, estas son las razones por las cuales vamos perdiendo muchas de las cosas, esto siempre va de la mano con el desinterés y tanta ignorancia que tenemos en nuestro pueblo”, lamenta el experto haciendo notar su preocupación.
Y es que según Ayax Moreno, “en todo el territorio del estado de Chiapas existen más de tres mil sitios arqueológicos registrados (por el INAH) pero estoy seguro que no son ni la mitad, de esos tres mil sólo 7 están abiertos al público, todavía a finales del año pasado se abrió el sitio de Chiapa de Corzo”.
Dijo que durante la exploración por parte de arqueólogos han encontrado muchos más sitios de los que se tienen registrados.
Consideró que muchos de estos sitios arqueológicos son destruidos por la construcción de obras y el saqueo promovido por gente que colecciona estas piezas, “es cierto, una vez que el arqueólogo escarba destruye, pero deja documentada la información y eso es lo que permite entender nuestras raíces”. |
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