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| Escrito por Administrator |
| Viernes, 03 de Septiembre de 2010 00:00 |
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Se cumplieron dos años de aquella frase “si no pueden, renuncien” y nadie ha renunciado. ¿O todos pueden, o todos son sordos? Ni siquiera es dable perder tinta y espacio para preguntar si Usted cree que las cosas cambiaron, porque es evidente que han empeorado a tal grado que en vez de celebrar el centenario y bicentenario de la Independencia y la Revolución, pareciera más bien que se están recreando las condiciones que precedieron a esos dos grandes movimientos liberadores y que el pueblo se prepara para resurgir.
Al igual que en ese entonces, la riqueza se ha concentrado en unas cuantas manos, el campo no produce, los gobernantes se aferran al poder y en ese afán no tienen medida, se han sucedido asesinatos de políticos, la pobreza se ha extendido y extremado; en fin, pareciera que el escenario está puesto para que nuevamente el pueblo de México esté en los ojos del mundo protagonizando un movimiento liberador.
Cuando el empresario Alejandro Martí lanzó el SOS ante el alarmante incremento de la violencia, muchas voces se sumaron, los políticos se rasgaron las vestiduras y se sumaron al llamado. Ahora el mismo lamenta la ejecución de su cercano amigo Óscar Paredes, como si quisieran enviarle un mensaje para que evite pronunciamientos en este segundo aniversario.
¿Qué más vamos a vivir? Nadie sabe, lo único que parece evidente es el cinismo oficial. Es dura la expresión, pero no hay otra forma de calificar las declaraciones del presidente cuando en actos organizados por él mismo dice que “va ganando” por la diferencia del número de muertos de ambos bandos. Como si se tratara de un juego de nintendo en el que cada muerto da puntos y acumula “vidas” para seguir jugando.
El cinismo de esas cuentas alegres ha llegado a tal grado que sin rubor deja fuera esa cuenta que la delincuencia organizada está apareando la cifra a cada momento. Por cada capo que ha caído, la delincuencia ha eliminado también a políticos; un candidato a gobernador, un presidente municipal, cientos de mandos y efectivos policíacos, han baleado a un juez, y ha quedado en el limbo de la indefinición el caso “Mouriño”.
Lo dramático es que el gobierno, al igual que aquellos que propiciaron el levantamiento del pueblo, “ve la tormenta y no se hinca”; religiosamente, mes con mes, con toda regularidad, sube los impuestos, dice que sigue creando empleos, afirma que las reservas de divisas van en aumento, que todo va viento en popa y que ahora se vive mejor.
En Chiapas no vivimos esos grados de violencia, pero sí de ese limbo de un mundo ideal, “que suerte vivir en este Chiapas”, “ya aprendimos a dialogar”, “votar ahora es más fácil”, “se puede platicar y regresar a la casa ya tarde”. Éstas y muchas frases más, son las que se utilizan para tratar de ocultar la verdadera realidad. Los recientes hechos sucedidos en Tuxtla Gutiérrez, Pantelhó y Bachajón, que fueron informados por muy pocos medios y en espacios reducidos, dan muestra de otro Chiapas.
Las lluvias de la semana pasada cobraron facturas pendientes en la capital del estado; Tuxtla Gutiérrez quedó no al pié, sino de rodillas, ante el Cañón. Pero el control informativo de nuevo se impuso, solamente a través de las redes sociales pudieron observarse fotografías de la gran inundación que sufrieron los capitalinos. Por otra parte, la bien pagada Laura Bozo mostró que Bachajón es tierra de nadie, un pueblo sin ley. Y Pantelhó nuevamente es escenario de hechos violentos.
Pero ésta es la segunda llamada, segunda. En repetidas ocasiones MIRADA SUR y sus columnistas han advertido de lo peligroso y difícil que se está volviendo el ambiente en estos rumbos; de que el pueblo se está cansando, de que el escenario está puesto para que se repitan los movimientos que ahora conmemoramos. Aún así, ¿Nadie va a renunciar? |
| Última actualización el Viernes, 03 de Septiembre de 2010 09:01 |
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