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“Focos rojos” en comunidades de San Cristóbal de Las Casas PDF Imprimir E-mail
Escrito por Elio Henríquez/Mirada Sur.   
Lunes, 08 de Marzo de 2010 17:29

San Cristóbal de Las Casas, Chis. 4 de Marzo. La tala de cinco árboles en la comunidad de Mitzitón, municipio de San Cristóbal de Las Casas, generó un enfrentamiento entre evangélicos y los católicos adherentes de la “Otra Campaña”, con saldo de una decena de lesionados, entre ellos dos de bala.

Los hechos ocasionaron casi dos días de mucha tensión, el cierre de la carretera tramo San Cristóbal-Comitán, un fuerte despliegue de policías estatales, seis retenidos –tres por bando--, y muchas, muchas mentadas de madre de miles de automovilistas que la tarde del domingo y gran parte del lunes no pudieron transitar por esa vía.

“No es posible que el gobierno no pueda arreglar este problema y nos tengan aquí parados perdiendo el tiempo y sin poder llegar a nuestras casas”, se quejó un hombre que viajaba con su familia de San Cristóbal a Comitán el domingo por la noche.

Miles de trabajadores de distintas dependencias, maestros y estudiantes que viajan a San Cristóbal o de aquí hacia otros municipios de la región; familias que regresaban de un paseo dominical, se quedaron varados o tuvieron que dar una gran vuelta para llegar a su destino

Esta vez el conflicto entre estos dos grupos antagónicos, en los que están muchos familiares, incluso hermanos, tíos y primos, fue por la disputa de madera.

El presidente del comisariado ejidal de Mitzitón, Juan Díaz Heredia –quien está en el grupo de los adherentes de la Otra Campaña-, responsabilizó de los hechos a los protestantes pertenecientes al llamado Ejército de Dios y a un grupo independiente que, alentado por las autoridades estatales, se ha aliado con ellos para debilitar al otro bando.

Explicó que el problema comenzó porque el domingo, las autoridades de Mitzitón “decomisaron” la madera de cinco árboles derribados sin permiso por el protestante Andrés Jiménez Hernández, quien “violó” el acuerdo de la asamblea que prohíbe la tala unilateralmente.

Aseguró que en respuesta, los protestantes se organizaron y por la tarde retuvieron al agente de la comunidad Silviano Pérez Díaz y a sus compañeros Julio Heredia Hernández y Ciro Heredia Jiménez, quienes fueron llevados a una casa, amarrados a sendos postes y luego golpeados.

Desde las cuatro de la tarde hasta las 9 de la mañana del siguiente día, estos tres hombres permanecieron a la intemperie, amarrados, vendados de los ojos y sin abrigo, en medio de un intenso frío que estuvo a punto de provocarles hipotermia.

En el enfrentamiento ocurrido la tarde del domingo resultaron lesionados los católicos Agustín Jiménez Hernández, de un balazo en el glúteo derecho; Andrés Jiménez Hernández y Carmen Díaz Jiménez, quienes fueron trasladados al hospital regional de San Cristóbal y horas después fueron dados de alta.

La respuesta de los adherentes de la Otra Campaña no se hizo esperar y bloquearon la carretera –en la entrada y la salida de la comunidad-- para impedir que salieran los protestantes, por lo que cuatro lesionados permanecieron varias horas en una de las camionetas de la policía estatal que arribaron al lugar.

A las 19 horas se había negociado que fueran llevados al hospital de San Cristóbal de Las Casas, pero al pasar por el sitio del bloqueo fue retenida la unidad con los cuatro heridos, y las llantas ponchadas.

Después de un breve diálogo permitieron que fuera sacado Roberto Heredia de la Cruz, que presentaba dos balazos en la espalda, pero tres más que estaban golpeados: Fausto Jiménez López, Manuel Jiménez López y Pedro Díaz Pérez, tuvieron que permanecer toda la noche en la parte trasera de la camioneta.

Fue hasta las 14.50 horas del lunes cuando los dos grupos intercambiaron a los rehenes, en momentos en que parecía que los dos grupos estaban a punto de un nuevo enfrentamiento, que fue impedido por más de 200 agentes de las policías Estatal Preventiva (PEP) y Ministerial, desplegados en esta comunidad.

Desde las 11 de la mañana del lunes, los simpatizantes zapatistas, hombres y mujeres que habían permanecido en vela toda la noche, se armaron con grandes palos con la intención de ir a rescatar a sus tres compañeros, que estaban encerrados en una casa de los evangélicos, ubicada a unos 300 metros sobre la carretera Panamericana, donde permanecían decenas de policías estatales para evitar un choque entre los dos grupos.

“El gobierno no quiere actuar para liberar a nuestros compañeros”, afirmó uno de los representantes católicos, mientras pedía a sus compañeros que avanzaran. “Queremos que los entreguen y si no hace su trabajo el gobierno el pueblo lo hará al rato”, advirtió, al tiempo de exigir la devolución de 30 mil pesos que los protestantes “robaron de la casa del agente, que eran de su propiedad, más y 25 mil pesos de la comunidad”, además del pago de 10 mil pesos de sanción por el derribo de los cinco árboles, ya que el acuerdo es que se cobran dos mil pesos por cada uno.

Cuando a las 13 horas los más de cien indígenas avanzaron varios metros decididos a ir por sus compañeros, decenas de agentes de la PEP y de la Ministerial, colocaron una valla entre los dos grupos. Los protestantes, que eran minoría, también se habían armado con palos y colocado sobre la carretera bombas molotov y estopas sueltas empapadas con gasolina, que fueron retiradas por los policías.

Mandos de la policía dialogaron nuevamente con representantes de los evangélicos que también habían mantenido comunicación telefónica con autoridades estatales y acordaron entregar a la PEP a los tres retenidos, a cambio de que el grupo contrario hiciera lo mismo con los protestantes.

El acuerdo del intercambio de rehenes fue precedido de un convenio verbal de que ambos grupos recibirían el dinero que exigían por diversas causas. Fue así como funcionarios estatales llegaron con una importante cantidad de dinero que fue entregada a uno o a los grupos, no está claro, con lo que se destrabó el problema.

En esa ocasión ya no acudió el subsecretario de Asuntos Religiosos del gobierno del estado, Enrique Ramírez Coronado, quien la noche del domingo había sido vejado y mal tratado por los católicos, según algunos testigos.

Una hora más tarde, los simpatizantes zapatistas retiraron el bloqueo que mantenían desde la tarde del domingo para que pasaran los cientos de vehículos que habían formado grandes filas a ambos extremos de la carretera.

Por parte de los católicos, fueron librados, el agente municipal, Silviano Pérez Díaz, Julio Heredia Hernández y Ciro Heredia Jiménez, mientras que por los protestantes, Fausto Jiménez López, Manuel Jiménez López y Pedro Díaz Pérez.

Fausto Jiménez, uno de los retenidos evangélicos, quien presentaba golpes en todo el cuerpo y dijo tener dos costillas rotas, había pedido al gobierno que interviniera para que se resolviera el conflicto entre los dos grupos. “Ojalá que se resuelva el problema, queremos la paz, no estar así golpeándonos y además casi todos somos familiares. Somos de la misma sangre”, comentó una hora antes de su liberación.

Agregó: “No sabemos qué problema fue el que hubo. Estábamos empezando a comer en la tarde cuando nos llamaron; ni terminamos de comer, ahí se quedó mi comida, y nos trajeron de volada y cuando llegamos más tarde ya estaban planeando los demás compañeros y no sabíamos nada. Ni qué problema tiene.

--¿Hubo enfrentamiento?

--Sí, sí.

--¿Con armas de fuego?

--Sí, escuchamos los disparos pero no sé de donde salieron ni quién disparó. De eso no puedo decir nada porque no lo sé. A mí me golpearon y me quedé tirado, luego salí corriendo porque no quiero morir. La gente estaba dispuesta a que la mataran.

“Lo que quiero”, subrayó el indígena que a las 14 horas que no había comido nada, “es que el gobierno solucione el problema, se tranquilice la comunidad y que nos unamos unos con otros”.

Las autoridades comunitarias habían designado a siete indígenas para que los cuidaran, pero como se conocen de años, se la habían pasado platicando y reflexionado acerca del problema, según confiaron ellos mismos.

Uno de los indígenas católicos que los custodiaba, dijo conmovido y reflexivo: “No sé por qué es el pleito; sólo porque ellos están en la religión (evangélica), no quieren venir a las juntas ni a dar sus obras en el ejido. Es su único delito que tienen. Se apartaron hace varios años y andan con su grupo aparte”.

Abundó: “Estamos diciéndoles que sigamos el camino como estábamos antes. ‘Sí dicen los pobres, estamos bien golpeados y qué sacamos’. La verdad sí no tiene caso que nos estemos matando como perros y gatos. Estamos platicando como amigos. No tiene caso estar peleando a cada rato. Queremos gozar más la vida, por qué nos vamos a matar. Está jodido que nos matemos a cada poco tiempo”.

Mientras uno de los protestantes yacía en el piso quejándose de los fuertes golpes, confesaron que en la plática que habían tenido al calor de la fogata, llegaron a la conclusión de que el problema empezó “por una pendejada”.

El conflicto entre ambos grupos empezó hace más de diez años por diferencias religiosas, pero ahora la pugna no fue por ese motivo, sino por cuestiones agrarias y políticas.

Última actualización el Lunes, 08 de Marzo de 2010 17:30
 

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