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Tuxtla Gutiérrez, Chis. 4 de Marzo. Habitantes del municipio de Ocozocoautla de Espinosa ratificaron en plebiscito el nombre de esa demarcación de origen zoque y rechazaron la pretensión del gobernador Juan Sabines Guerrero de cambiarlo por el de Coita, una voz coloquial con la que los lugareños se refieren a esa localidad del centro de Chiapas, pero que no refleja sus orígenes, su idiosincrasia, su cultura ni sus tradiciones.
En una atmósfera de paz y civilidad, el pueblo -todos a uno- impuso su voluntad con más de 18 mil votos para conservar su nombre original y actual y aplastó la propuesta gubernamental que apenas obtuvo 50 sufragios, los cuales habrían sido emitidos por empleados del Ayuntamiento y burócratas del gobierno estatal, residentes en la localidad.
El nombre de Ocozocoautla (bosque de los ocozotes -árboles de resina-) es una voz prehispánica que se complementa con el apellido del héroe revolucionario local, Luis Espinosa; en contraste, Coita es una expresión coloquial, desprendida de la voz coitán (pilón, agregado) con la que los lugareños se refieren de manera tradicional y cariñosa al municipio.
El profesor y especialista en gestión y promoción de las artes, Ismael Pérez Flores, aseguró que “la imposición “del plebiscito fue una falta de respeto a la identidad, la idiosincrasia y la cultura del municipio”. “El nombre oficial de Ocozocoautla de Espinosa, no nos causa problemas, la gente nunca pidió cambiarlo; sospechamos que hubo un trasfondo político y económico en todo esto”, subrayó.
“No descartamos que Coita era el marketing para promover la riqueza ecoturística de la zona como detonante económico para beneficio de grupos políticos-empresariales, interesados en invertir en la región”, puntualizó el defensor de la cultura y las tradiciones de los pueblos zoques.
La ratificación del nombre de Ocozocoautla de Espinosa fue celebrada por centenares de familias que al final de las votaciones se concentraron en la plaza principal, donde festejaron a ritmo de música tradicional, de marimba, de tambor y pito, además de comidas y bebidas típicas.
En la algarabía, la población repudió a la presidenta municipal, María de Lourdes López López, a quien acusaron de proceder con “tibieza”, parcialidad y de sujetarse a los dictados del mandato de Juan Sabines y a las indicaciones del Instituto de Elecciones y Participación Ciudadana.
El pueblo anunció la celebración de un segundo plebiscito, esta vez para quitarle el nombre del extinto ex gobernador priista Juan Sabines Gutiérrez, al principal boulevard de la cabecera de la municipalidad y cambiarlo por el de Los Mangos o Luis Espinosa, héroe epónimo revolucionario.
El 8 de febrero, Sabines Guerrero pidió al Instituto de Elecciones y Participación Ciudadana la celebración de un plebiscito para el cambio o ratificación del nombre oficial del pueblo. “La riqueza de su cultura y su ubicación regional hace necesario que se le otorgue el nombre con que comúnmente se le reconoce en el estado; que la población del lugar determine si continúa como Ocozocoautla de Espinosa, o bien se le regrese su denominación de origen étnico, llamándole Coita de Espinosa”, argumentó el mandatario.
El municipio de Ocozocoautla de Espinosa se localiza a 40 kilómetros al norte de esta capital. En él se encuentran las zonas turísticas Las Simas de las Cotorras, El Arco del Tiempo, -propuesto como patrimonio de la humanidad-, la reserva forestal El Ocote; en febrero se celebra el carnaval más importante de la etnia zoque de Chiapas.
Bitácora de indignaciones
Los abuelos zoques encabezaron el sosiego de la indignación, la ira contenida, la furia aherrojada con alientos de sabiduría, de mesura, de prudencia, como guerreros –poetas prehispánicos-. Adultos, jóvenes y niños por igual, salieron a las calles vestidos de blanco, jubilosos, participativos. Con la frente alta, la mirada resuelta y el ánimo participativo. Al final, el pueblo condujo e hizo triunfar el plebiscito.
Llegaron de los barrios, de los ejidos y de las comunidades a depositar su voto, su voluntad, su historia personal y colectiva en las boletas, en cada una de las 53 urnas, que en la víspera fueron instaladas por el órgano electoral, como también los pendones y gallardetes exhortativos.
Con las últimas luces crepusculares, asomó triunfante la hermética decisión de los lugareños. Escurridizos y en la penumbra, huyeron también, la imposición, la frivolidad, las ocurrencias, la improvisación, la molicie, la estulticia, la ignorancia y el desapego a la cultura del pueblo zoque.
La voz de la maestra de educación primaria, Blanca Margarita, tronó como rayo abrasador, con destellos que iluminaron e impregnaron rostros y conciencias, congregados frente a la plaza principal del pueblo.
“Señores: soy maestra de primaria, si se dice que Ocozocoautla no es un nombre de origen zoque, entonces todos estos años hemos estado enseñando mentiras a nuestros alumnos; en el libro de tercer grado aparece nuestro municipio con el nombre de Ocozocoautla”, descerrajó.
La respuesta se desprendió de centenares de gargantas: “¡¡¡ Nosotros somos los que mandamos !!!”.
Cuentan también, que en un lugar estratégico, un grupo de tzotziles, “la chamulada de aquí”, esperaba ansiosa la conclusión de las votaciones. En sus costales de yute y sus morrales de cuero sin curtir, llevaban ocultas, botellas de petróleo, estopa y ocotes, “pá prenderle fuego al Palacio Municipal de La Loba, si nos robaban la elección”.
Entre los celajes de la oscuridad -dicen los moradores- se asomaban los rostros huidizos, estupefactos de “Los Moralones” (el secretario estatal de Pesca, PlácidoMorales, su hermano el ex diputado federal, Carlos, y el ex director del centro de convenciones, Jorge Alberto. “Estos políticos y burócratas, que afirman defender hasta con la vida los intereses del pueblo, ni siquiera se asomaron al parque, a donde mandaron a sus orejas para enterarse de los resultados preliminares de la votación”, relataron.
La gente dijo también que en otro parapeto de malezas a la distancia, lejos de la gente y oculto en un vehículo lujoso, Paco Méndez, el autoproclamado promotor de la cultura prehispánica y la riqueza arqueológica y turística de la zona, aguardaba, esperaba ansioso con su rostro desencajado, como forjado en roca y punta de hacha.
“Ese mico de monte estaba allá, en la oscuridad trepado en su Cooper- (já, carro tan galán)- como si estuviera esperando traficar alguna cosa, como lo ha hecho con los vestigios del Tapexco del Diablo, la Sima de Las Cotorras, ahora lo quiere hacer con el Arco del Tiempo, allá en Italia, de donde no sale ya, donde puro tomar café capuchino hace”, contaron las voces menudeadas, que se fueron configurando en acusaciones barruntadas de coraje y linchamiento verbal.
También le tocó a “La Loba”, como llaman y le enfatizan aún más a partir de esa noche, a la presidenta municipal, María de Lourdes López López, surgida de las filas del PAN. A la mujer que el imaginario popular transfigura en cuadrúpedo voraz, la acusaron de todo y por todos los sucesos que ese domingo desbocó la ira de un pueblo ofendido.
“Se nos quiso borrar el nombre, nuestra historia, nuestro glorioso pasado, quisieron desenterrar y pisotear a nuestros ancestros; salieron peor que El Chunko, ese coyolón sin juicio y hablantín; pensaban que nos iban a poner una marca, un sello, pá borrar de un plumazo 3 mil 500 años de cultura y tradiciones; bien pendejos que estaban”, vitorearon .
Enseguida la música de marimba: “El Cohuiná”, “La Chata Malora”, “Cartas Marcadas”; luego tomaron el pozol, las aguas de horchata y tamarindo, el ponchoquí, el puxinú y los tamalitos, así como el tecito de hinojo y de flor de corazón para el coraje.
Con la noche a plenitud y la luna en su esplendor, rielando sobre el caserío de tejas y de adobes, retornó la quietud, la calma, el sosiego de un pueblo que con la defensa aguerrida de su nombre, mantuvo su esencia y su origen, fortaleció la savia de los innumerables ríos históricos que lo recorren y que le dan idiosincrasia, unidad y sentimiento auténtico.
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